



La Trata de personas o trata de blancas es un delito contra los derechos humanos considerado como la esclavitud del siglo XXI. Este delito consiste en el traslado forzoso o por engaño de una o varias personas de su lugar de origen, la privación total o parcial de su libertad y la explotación laboral, sexual o similar.
A pesar de la existencia de los derechos humanos que se encargan de proteger a las personas de ser arrastradas a la prostitución, este es un fenómeno frecuente contra el cual se lucha y se trata de fomentar campañas para evitar que los jóvenes y adultos se dejen engañar para entrar en esta red.
Muchas veces se trata de mujeres jóvenes, cabezas de hogar, desempleadas o con un nivel de vida que no está acorde con sus expectativas. Como no tienen autonomía financiera para emprender un viaje al exterior, es fácil que caigan, engañadas, en una red de tráfico internacional, esto es llamado la trata de blancas. En otros casos, las víctimas son invitadas por familiares, amigos o vecinos a aceptar las supuestas propuestas laborales, de manera que no se generan sospechas sobre la legalidad del asunto.
De acuerdo con las investigaciones, el 40 por ciento de las mujeres que caen en estas redes son llevadas a Japón, el 30 por ciento a España, el 20 por ciento a Holanda y el restante 10 por ciento se distribuye en Alemania, Estados Unidos, Grecia, Singapur y Hong Kong. Aunque también se han encontrado redes en países americanos como Venezuela, Ecuador y Panamá.
Una vez en el país de destino, son recibidas por un contacto, generalmente colombiano, para que se sientan en confianza. De manera abrupta y radical las condiciones del viaje se transforman. La mayoría de las veces son encerradas y agredidas verbal y físicamente, hasta que las despojan de sus documentos de identificación y su tiquete de regreso.
Los traficantes manejan sus ingresos y les imponen una cuota que deben pagar por lo que les deben del viaje. Al pagar dicha deuda pueden “volver” a sus países. Si hay rebeldía o incumplimiento son torturadas física y sicológicamente e, incluso, son drogadas y alcoholizadas, lo cual es sumado a la deuda. La mayoría de las veces, terminan por volverse alcohólicas.
Algunas de estas personas se convierten en drogadictas, y este es el enganche que usan los proxenetas para aumentar la deuda de las prostitutas, de esta forma lo que deben pagar se vuelve inalcanzable.
A su regreso las personas llegan muy lesionadas sicológicamente y, a veces, en lo físico. Además con deudas enormes, muy difíciles de pagar. Para ellas, lo más complicado de regresar es encontrar un proyecto de vida productivo. Muchas veces estas personas vuelven a caer en la red por intimidación de los traficantes.
La falta de denuncias ante las autoridades dificulta el rastreo y captura de estos delincuentes, pero gracias a las operaciones internacionales se han adelantado 15 grandes operativos en los últimos cinco años.
A pesar de los esfuerzos para erradicar este crimen tan atroz para mujeres y niños las sociedades desconocen la gravedad de este fenomeno pero al escuchar sobre este polemico tema se genera conciencia y puede dar origen a campañas de proteccion.